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viernes, 3 de julio de 2015

PAKAL, EL ASTRONAUTA DE PALENQUE




Durante las excavaciones de 1949, en la ciudadela maya de Palenque (México), el arqueólogo Alberto Ruz, descubrió un acceso subterráneo de 45 escalones, en uno de los templo ceremoniales. Tras cruzar el umbral de aquel angosto pasillo, encontró una gran lápida de piedra, con grabados muy elaborados en su cara superior. Dicha lápida tenía una dimensiones de 3,80 metros de largo, 2,25 metros de ancho y 0,25 metros de grosor.



En dicha lápida, se podía observar como un hombre había sido esculpido de una postura un tanto extraña, y algunos expertos no tenían muy claro como interpretarla. Ahí fue donde la leyenda del astronauta de Palenque comenzaba a cobrar vida, y no fue hasta 1969, cuando se comenzó a difundir la idea de que aquella figura era una representación pre-colombina de los cohetes Apollo, construidos por la NASA para enviar al hombre a la Luna; una idea que a Erick Von Danickën le fascinó y apoyó sin pensárselo dos veces.

El científico soviético A. Katsantsev no tiene ninguna duda que se trata de un navío espacial y así lo ha atestiguado en diversas publicaciones e infinidad de conferencias. Es más, ha dibujado un cohete asimilándolo al relieve de la lápida y las coincidencias son sorprendentes. El interior de dicha lapida estaba pintado de rojo, y en el fondo yacía un esqueleto humano cubierto de joyas. Su talla era de 1,70 metros y su cabeza se hallaba guardada por lo que fuera una mascarilla de jade, lamentablemente rota.

Cuando fue reconstruida, pudo contemplarse en todos sus detalles, una verdadera obra de arte. Sus restos difieren totalmente de las características físicas del pueblo Maya. Los antiguos Mayas eran personas que medían alrededor de 1,50 metros, lo que hace pensar que no era Maya comparada con el hombre de Palenque. Otra prueba de la identidad no Maya del sr. Pakal es que como símbolo de belleza los Mayas se incrustaban piedras preciosas en los dientes, y éste carecía de ellas. La cantidad y calidad de las joyas encontradas daban una idea de la elevada alcurnia de quien allí yacía, manos delgadas, dedos alargados cubiertos de anillos, y su cráneo no se encontraba deformado, práctica usual entre los Mayas.

Unas pequeñas curiosidades de la lapida son estas: Las posturas de las manos, como si estuviera manejando los controles de la supuesta nave. Los pies, apoyados en lo que podría parecerse a la parte superior de un motor de propulsión. El extraño objeto que tiene junto a la nariz, el cual se asemeja a un respirador primitivo. La zona posterior derecha, que parece representar las llamas que salen a chorro por las tuberias o propulsores del motor. Y por último, la forma que tiene la zona que envuelve a tan curioso personaje, pues vagamente se asemeja a una cápsula espacial del proyecto Géminis, de la NASA…




La Llave Al Misterio.

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